Crimen en la ciudad
Publicado: lunes, 7 de agosto de 2006
also in LA VANGUARDIA August 9, 2006
El ayuntamiento de Pekín destruyó un barrio histórico al sur de la Plaza de Tiananmen, con la excusa de modernizar la ciudad para los Juegos
PEKÍN (EFE) -- El barrio histórico al sur de la Plaza de Tiananmen fue convertido de la noche a la mañana en un desolador paisaje de escombros, ya que el Ayuntamiento de Pekín, en lugar de restaurarlo, decidió destruirlo y recrearlo desde sus cimientos.
Las calles adyacentes a la histórica avenida de Qianmen, que forma parte del principal y casi sagrado eje sur-norte de la capital china, comenzaron a ser víctimas de las excavadoras, por lo que un paseo por los otrora entrañables "hutongs" (típicas callejuelas de Pekín) recuerda ahora a un viaje por una ciudad bombardeada.
Las excusas fueron las de otros similares atentados contra el casco antiguo pequinés: la ciudad debe modernizarse para los JJOO de 2008, y crear viviendas en mejores condiciones para los habitantes de los humildes barrios de "hutongs", que muchas veces no tienen baño o agua corriente en sus casas.
El domingo por la noche -las autoridades suelen llevar a cabo estas demoliciones con nocturnidad- las máquinas intentaban derribar varios edificios sin apenas medidas de seguridad en las inmediaciones, por lo que deambular por esa turística zona de Pekín se convirtió en un peligro.
La oleada de destrucción forma parte del llamado "Proyecto Qianmen", una iniciativa del gobierno de Pekín en la que, como suele pasar en todas las ciudades chinas, no se tuvo en cuenta el valor histórico de la zona.
Las casas destruidas pertenecen a los barrios de Xuanwu y Chongwen, en el centro sur de Pekín, donde históricamente vivían, durante la dinastía mongol de los Yuan (siglos XII y XIII), los pequineses de etnia china (los mongoles vivían al norte, separados de ellos por una muralla arquitectónica y étnica).
La zona fue durante siglos la más tradicional de Pekín, conocida por sus decenas de burdeles, y en ella todavía se conservan tiendas con siglos de historia, como la célebre farmacia Tongrentang, el restaurante de pato Quanjude o las tiendas de seda de Dazhalan, paradas casi obligatorias de los turistas.
En la zona hay más de 50 viviendas de patio interior tradicionales, conocidas como "siheyuan", y aunque muchas de ellas se mantendrán otras podrían ser pasto del furor inmobiliario.
Los lugares más simbólicos fueron conservados por las autoridades pequinesas, que sin embargo decidieron acabar con las viviendas populares adyacentes para construir tiendas, casas "tradicionales" hechas de cemento y materiales modernos y otras estructuras similares.
"Estuvieron destruyendo el carácter de Pekín durante décadas, y el asalto contra Dazhalan es sólo otro esfuerzo para destruir el viejo Pekín", se quejaba a la prensa Wang Jun, autor de libros sobre el antiguo encanto de la ciudad imperial.
Para intentar parar la bola de demolición, artistas e intelectuales de Pekín iniciaron el llamado "Dazhalan project" (sus esfuerzos pueden verse a través de la página web www.dazhalan-project.org).
El riesgo es que Pekín convierta el barrio en modernas casas de lujo, al estilo de las antiguas pero con precios mucho más altos, como ocurrió, por ejemplo, en zonas más al norte, donde nuevas casas con patio tradicional se alquilan ahora a 3.000 dólares mensuales.
El Ayuntamiento de Pekín se defiende de las acusaciones de corrupción inmobiliaria y falta de sentido de la estética asegurando que el nuevo Qianmen "mantendrá su sabor distintivo, transformándose al mismo tiempo en una moderna calle comercial en 2008".
El proyecto afecta a 1,5 kilómetros cuadrados, y comenzó a dar sus primeros pasos en 2003, aunque hasta 2006 no habían empezado las demoliciones masivas.
Mientras en las casas recientemente destruidas todavía pueden verse muebles, objetos personales y otras señales de la vida que antes había en los viejos "hutongs", en las casas que todavía no fueron víctimas de la excavadora, el ambiente es de inminente partida.
Las familias, a las que darán pisos de bajo alquiler en zonas menos céntricas, atan sus escasas pertenencias, mientras en las paredes de todas las casas, el Ayuntamiento pegó miles de panfletos exhortando a los vecinos a que se marchen, pues así recibirán indemnización y nuevos hogares más modernos.
"Las casas nuevas quizá no sean tan bonitas, pero para nosotros son mucho más cómodas", reconoce Dong, una periodista que vivía en una antigua casa de Pekín hace una década, y ahora en un modesto piso de la periferia, concedido por el Ayuntamiento.
Hace dos años, Pekín dictó leyes para proteger todos los barrios antiguos en torno a la Ciudad Prohibida (al norte de Tiananmen), lo que hacía pensar que las antiguas casas que quedaban en pie serían respetadas, pero el estropicio cometido en Qianmen hace temer que las demoliciones seguirán durante años, incluso después de 2008.
http://espndeportes.espn.go.com/news/story?id=467445
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